El banco de la puerta: una costumbre rural rumana

Recuerdo que de pequeña me encantaba pasear por las callejitas del pueblito de mis abuelos y observar las costumbres rurales de Rumania en toda su esencia: las casas tradicionales, las vallas de madera y los jardines muy bien mantenidos.

Sin darme cuenta en aquel momento, sentía curiosidad por las costumbres que tenía cada familia, y también acerca de la vida cotidiana del pueblo en general, a que se dedicaba cada persona, cuál era la manera de sobrevivir, pero, lo que más me importaba entonces, cuál era la forma principal de socializar.

En mi proceso de observación, observé un detalle que tenía cada puerta: el banco. Cada casa tenía en su puerta, un banco de madera, con cuatro piernas, pero no sabía darle un objetivo claro, que función tenía.

Y sí, mi cerebro se llenó de recuerdos de mi infancia y ahora hice muchos lazos entre aquellos bancos y los momentos de socialización que tenían las personas del pueblo. En realidad, ese banco era un punto clave y un lugar preciso para conectarse al pueblo, para hablar con los vecinos, para cambiar ideas y opiniones.

Con el tiempo, entendí que aquel gesto cotidiano tenía un significado más profundo. “La puerta se sitúa entre la intimidad y el mundo y, en los pueblos rumanos, funciona como un escenario de la socialización. Aquí se observa, se comenta y se negocia la vida de la comunidad.” (Según Vintilă Mihăilescu, antropólogo rumano, en sus reflexiones sobre la sociabilidad rural.) La puerta representa la frontera entre la vida privada y la vida comun, algo cómo un balcón, estas en el mismo tiempo y dentro y afuera. Para hacer todo más cómodo, cada dueño instaló un banco en la puerta, desde donde puede mirar, conversar y, tal vez obtener algúnas informaciones, estando en sú propria intimidad.

Cada día, después de terminar las tareas domésticas, mi abuela salía a la puerta y se sentaba en su banco para hablar con las otras vecinas que hacían lo mismo. Creo que era su forma de desconectarse, de cumplir esa necesidad humana: socialización.

costumbres rurales de Rumania

Muchas veces, la acompaniaba, me sentaba allí, a su lado y escuchaba a la gente hablar de un lado a otro y relatar todo lo que había sucedido en el pueblo.

Porque nu existian las redes sociales, allí era el lugar donde se enteraban las noticias, se contaban los últimos chismes, hablaban sobre varios temas, por ejemplo, sobre la comida que hacian, sobre el clima, familia, limpieza. Muchos testimonios confirman esta práctica – “Nosotras, las mujeres, nos reuníamos en la puerta, sentadas en pequeños taburetes, y hablábamos de los asuntos de la casa. Todos los que pasaban sabían que allí nos encontrarían, en la puerta, como si fuera una especie de reloj del pueblo.” (Testimonio oral recogido en investigaciones de folclore rural en Maramureș, publicado en archivos etnográficos.)

Si paseaba en los días de descanso, como los domingos, cada banco tenía reunido a mínimo 2 personas, algunas veces hasta 6-7 personas. Esa imagen me va a perseguir siempre, el pueblo tenía vida, tenía voz y todo eso te llenaba de admiración y felicidad.

A group of people sitting on the grass
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Lo que viví en el pueblo de mis abuelos no era una excepción. No solo allí pasaba eso, sino en pueblos de todo el país. Los testimonios de los aldeanos que he encontrado en mis estudios, me confirman que el tiempo se vivía de otra manera en el pueblo, y, además del cansancio acumulado, todos salían a pasar un buen rato juntos – “Por la tarde, después de terminar las tareas, la gente salía a la puerta. Nos reuníamos de tres o cuatro, cada uno en su propia puerta, y hablábamos por encima de la cerca, de una casa a otra, hasta que caía la noche.” (Testimonio oral recogido en monografías rurales rumanas, siglo XX.).

Pasar el tiempo en la puerta, sentados en banco, sillas, taburetes, se puede asimilar con la sobremesa, sin comer juntos antes. Los hombres hablan de la política, del clima, de las cosechas que han tenido, leen y comentan el periódico, observan la gente que pasa, a veces debaten los rumores del pueblo. Un gran escritor rumano, Marin Preda, sorprende en su novela “Morometii”, una escena típica de salir a la puerta: “Paraschiv, Nilă y Achim, junto con su padre, habían salido los cuatro a la puerta. Apoyados en los postes, miraban hacia el camino, esperando ver quién más pasaba por la calle del pueblo.”

A group of men sitting on a bench
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Si paseaba sola y encontraba gente sentada en los bancos, era seguro que tenía que contestar a algunas preguntas, como: de quien soy (quienes son mis abuelos), a donde voy, como se encuentran mis abuelos.. Nadie me podía salvar de esto . Tal vez era curiosidad, tal vez era conversación, nunca lo supe.

Recuerdo que mi abuelo llamaba ese banco “la cama de la puerta”. Llamarla cama supongo que era algo muy importante para su bienestar. Cuando se sentaba en esa “cama”, el tiempo se ponía en pausa, el cuerpo se llenaba de satisfacción si se liberaba del cansancio. Era su momento de limpiar los pensamientos y de tomarse su dosis de tranquilidad.

Los niños también aprovechaban del banco de la puerta. En las tardes, se juntaban y jugaban, bromeaban, se divertían mucho. En el campo, era el único modo de diversión que hacía pasar el tiempo. Estaban allí hasta que la noche entraba en sus derechos, y los abuelos venían a recoger a cada uno.

Los jóvenes contaban sus historias en esas reuniones, daban noticias importantes, hablaban de planes de futuro. Recuerdo a un amigo de mi primo que, en uno de esos encuentros en el banco, nos dio la noticia que su primer niño vino al mundo en ese día. Todo se transformó en alegría, risa, y llovió con felicitación para el recién papa.

A group of children playing on a dirt road
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Ahora, que escribo esto, me doy cuenta de la importancia que tuvo ese banco que aún existe en la puerta de mis abuelos. No se si aún tiene el mismo papel en la vida de un pueblo.

Los viejitos aún los encuentro sentados en algunos bancos, pero los niños y los jóvenes creo que han renunciado a esta costumbre. Con la llegada de los juegos electrónicos, con el desarrollo de las redes sociales, han olvidado esa manera de interaccionar. Una gran pérdida para la sobrevivencia de las costumbres rurales de Rumania.

Cuando llegues a un pueblo de Rumania, y veras un banco al lado de una puerta, piensa que allí son guardadas muchas cosas: recuerdos, risas, lágrimas, emociones, secretos, confesiones. Todo se queda gravado allí por muchos años hasta que se transforma en historia. Tal vez, algún día, alguien vuelva a sentarse allí y a escuchar cómo el pueblo respira.

 

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